CON VOSOTROS ESTÁ Y NO LE CONOCEIS…

 

EL ENFERMO MENTAL:  CON VOSOTROS ESTÁ Y NO LE CONOCEIS…

 

                                                                                      

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INTRODUCCIÓN:

 

La enfermedad mental es una realidad de la vida humana que afecta, de un modo u otro, a un sector importante de nuestra sociedad, aunque sólo un pequeño porcentaje (menos del 0’1 %), se encuentra ingresado de forma permanente en un centro psiquiátrico.

¿Quién no conoce una familia afectada por la enfermedad mental de alguno de sus miembros ? ¿ Quién no conoce a algún amigo, pariente o vecino con trastornos mentales a quién, de la noche a la mañana, le tuvieron que ingresar en algún centro y que ahora, si no sigue en el mismo, está sometido a tratamiento ambulatorio bajo la atención y cuidado de la familia si tiene, o de servicios sociales del pueblo o ciudad en la que vive ?.

En los últimos años, el mundo de los enfermos mentales ha cambiado mucho, yo, diría muchísimo: desmantelamiento de los hospitales psiquiátricos, creación de unidades psiquiátricas en los hospitales generales, aparición de recursos alternativos como Cris (centro de rehabilitación), centros de día y el envío de los enfermos a la familia, a los asilos y a la sociedad. Es una realidad bastante cruda y sangrante, pues produce mucho sufrimiento e impotencia, por todas las partes.

Este cambio en el tratamiento de la enfermedad mental hace que aparezca como importante la inserción de los enfermos en la sociedad y, por tanto, interroga al hombre de hoy sobre su acogida o rechazo.

Pero también, con este cambio, las familias de los enfermos se ven desbordadas y lo están pasando muy mal, porque no están preparadas y sobre todo porque no saben como tratarles, ni se hacen a la idea: cuando hay un enfermo mental en casa, todo es muy difícil y penoso.

De ahí la necesidad de crear un voluntariado conocedor del problema, especializado y responsable, capaz de ayudar tanto a la familia como al mismo enfermo a saber situarse en la nueva reforma psiquiátrica y sobre todo que ayude a concienciar a la sociedad para evitar el rechazo.

Rechazo que se convierte en el aislamiento del enfermo en un habitación de la casa, con su tele y fumar, mientras vive su madre pero luego cambia totalmente y es y se van a convertir en los leprosos del siglo XXI, que nadie los quiere y además rechaza, por ignorancia y miedo social.

El cambio repercute también en las parroquias y comunidades cristianas. Son muchos los enfermos mentales necesitados del amor cristiano: internados de por vida, los crónicos, los psicóticos que viven aislados de cualquier lazo afectivo en sus casas, transeúntes que viven como pueden… mendigos que la mayoría son enfermos mentales y nos necesitan.

Todos ellos entran en la dinámica de la acción sanadora de Jesús, que se encuentra con ellos, los acoge, los devuelve a la vida ordinaria, anuncia su evangelio a los demás para que cambien su corazón, sus actitudes, sus prejuicios y saltándose el qué dirán y los miedos los acojan como hizo Jesús y vivan con nosotros, porque son nuestros enfermos mentales.

La Iglesia española en el Congreso Iglesia y Salud, ha hecho una opción preferencial por los enfermos más necesitados y desasistidos. Sin duda alguna, entre ellos se encuentran los enfermos mentales.

Con este folleto, lo que se pretende es:

–  Acercarnos al mundo de los enfermos mentales para conocerlos más y saber cuál es su situación y cuál la de sus familias y el entorno en el que viven, con el fin de concienciar a esa parte de sociedad.

–  Iluminar esa situación actual de los enfermos, de sus familias y del voluntariado desde el Evangelio y desde la tradición viva de la Iglesia, que siempre se ha ocupado de estos.

–  Promover el acompañamiento de los enfermos mentales y el apoyo de sus familias para que puedan vivir y tolerar la enfermedad; impulsar la acogida e integración de los enfermos mentales en la comunidad parroquial, celebrar todo lo bueno que se está haciendo en el mundo de la enfermedad mental y alentar nuevas acciones, sobre todo el voluntariado concreto.

–  Los destinatarios de este folleto son: los enfermos mentales, sus familiares, las comunidades cristianas, el voluntariado, los agentes de la pastoral de la salud, los profesionales, todos los cristianos por serlo, las intituciones y la sociedad en general. Nos implica a todos.

 

1.- LOS ENFERMOS MENTALES

 

          Nos acercamos al mundo de los enfermos mentales para conocer: ¿Quiénes son? ¿Cuántos son? ¿Dónde están? ¿Cuáles son sus sentimientos? ¿Qué necesitan? ¿Cuál es su situación real y la de sus familias?. (Foto)

 

QUIÉNES SON?

 

Los enfermos mentales son personas que sufren alteraciones de pensamiento, de emociones, de conducta, de relación interpersonal y de adaptación social y profesional, por su enfermedad, que es muy amplia. Sufren mucho, porque han perdido el gobierno de su persona y, en consecuencia, padecen todos los inconvenientes personales, familiares, laborales, y sociales de esa desorganización interior.

Lo esencial de la enfermedad mental es que produce desorganización, desorden, desgobierno. Y el desorden interior de los trastornos psíquicos hace que el sujeto tenga que padecer, además de la enfermedad propia, todas las consecuencias de no poder gobernarse por sí mismo y por lo tanto tener que depender de otros, incluso en asuntos esenciales, que atañen a su libertad, a sus movimientos, a su derecho al trabajo y todos los demás aspectos de su vida.

Las enfermedades mentales afectan a las funciones superiores del ser humano y tienen efectos que van mucho más allá del padecimiento de la propia enfermedad, destruyendo ámbitos de su vida que no solamente son del área de la salud, sino también de lo familiar, de lo laboral y de lo social.

Esto indica que la enfermedad mental es, en muchos casos, muy invalidante e implica a la familia y a la sociedad, que tienen que reaccionar inexcusablemente, para responder adecuadamente y reparar los daños producidos por el caos interior de los enfermos psíquicos.

¿ Qué grupo humano son los enfermos mentales ? Son las personas que padecen psicosis (como la esquizofrenia o la psicosis maníaco-depresiva ), los que padecen trastornos graves de la personalidad (como los psicópatas), del comportamiento (como las personas disociales), trastornos de los hábitos (como los alcohólicos, los drogodependientes, los que padecen anorexia, bulimia, etc.); los que padecen trastornos neuróticos graves (de tipo obsesivo, histérico, etc.), quienes padecen trastornos disociativos, delirantes u otros similares, quienes padecen depresiones severas o resistentes y, finalmente, quienes padecen carencias importantes de laguna o de varias funciones superiores (como los oligofrénicos).

          El paradigma de las enfermedades mentales es la esquizofrenia, porque es una enfermedad grave, que afecta al ser humano desde su juventud (la edad de aparición se sitúa entre los 17 y los 27 años), que lo desestructura muy seriamente y que tiende a la cronicidad.

          La  desorganización, la inapropiación, el delirio, la agitación y la pérdida de contacto con la realidad, son los indicadores de esta enfermedad, que en cierto modo es la bestia negra de la psicopatología humana, a pesar de los avances médicos de este siglo. Dr. Leal Herrero.

 

¿ CUÁNTOS SON ?

 

          El número de personas que padece algún tipo de trastorno psíquico es muy elevado. Los estudios llevados a cabo en deiferentes países arrojan cifras muy altas, que se sitúan entre el 20 y el 30 % de la población. Esto quiere decir que la cuarta parte de la población padece algún trastorno mental.

          Esta enorme proporción plantea por sí misma un gran problema sanitario y social. La magnitud del problema se potencia porque la sociedad concede mayor importancia a la salud física que a la psíquica. En salud mental la gente no se hace revisiones ni chequeos. Se da por sentado que cada persona tiene la salud mental necesaria y, sólo si está muy mal y como último recurso, se acude al especialista. Y en salud mental sucede –igual que en la salud corporal- que, si no se cuida, puede deteriorarse notablemente.

          De esa cuarta parte de la población que padece algún tipo de trastorno psíquico, menos de la mitad son pacientes cuyo proceso patológico tiene la entidad suficiente como para alterar sustancialmente sus vidas.

           Además, hay que tener e cuenta los llamados grupos de riesgo: los jubilados, las mujeres mayores de 40 años, los varones mayores de 50 con escaso nivel educativo y de clase socioeconómica baja.

          En España, el número aproximado de personas con alguna de las enfermedades mentales más frecuentes  es de este orden:

          * Unos 500.000 esquizofrenicos.

          * Más de 600.000 epilépticos.

          * Más de un millón con trastornos de personalidad.

          * Casi dos millones de alcohólicos.

          * Y otros grupos más o menos numerosos de enfermos psicóticos, dementes, neuróticos y psicosomáticos.

          Sólo el 0’1 % se encuentra ingresado de forma permanente en un centro psiquiátrico. Los demás están normalmente en su medio. Es la nueva visión de la psiquiatría, se tiende a que desaparezcan los hopitales generales psiquiátricos. En casi todas partes han desaparecido. De ahí que muchos enfermos mentales vivan en pisos, en albergues, la mayor parte con sus familias y con dificultades por no estar esta preparada,  y algunos vagabundean por la calle. Los psiquiátricos se sustituyen por unidades psiquiátricas en los hospitales generales, por pisos, por centros ocupacionales, por talleres –escuelas, por centros de día y tratamiento ambulatorio…Es lo que se llama “desinstitucionalización de la psiquiatría” o “psiquiatría de la comunidad”.

          Se aducen como motivos de esta reforma los siguientes:

– Hay que integrar al enfermo en la sociedad; el retenerle años y años en un hospital es anular su personalidad, obligarle a vivir en una situación de represión parecida a una cárcel y esto contradice abiertamente a la dignidad y derechos de la persona.

– Como consecuencia de esta reforma muchos enfermos han sido enviados a sus familias, aún a sabiendas de que éstas no pueden atenderles bien como se merecen. Muchas de ellas, indefensas e impotentes, están al borde de la desesperación y no saben por dónde salir.

– Unas manifiestan contra el enfermo su incomprensión, impaciencia e irritación. Otras se cansan y abandonan definitivamente al enfermo y, en casos contados, les arrojan de sus propias casas dejándoles a su propia suerte, de ahí la proliferación de mendigos en nuestras calles, son enfermos mentales. La mejor forma de saberlo es preguntándoles a ellos mismos.

– Finalmente los enfermos, como se ha dicho, son remitidos a la sociedad. La sociedad, por otra parte, es injusta y cruel con ellos. Se les rechaza, se les cierran todas las puertas, se les margina, se les tiene miedo y amigos /as, son los “leprosos del siglo XXI” que nadie los quiere…

                                                                                                        ¿ CUÁLES SON SUS SENTIMIENTOS ?

 

          Los enfermos mentales son víctimas de una gran soledad y aislamiento y de una desesperación peligrosa. Tratan de comunicar sus preocupaciones y ansiedades, aunque a veces no es fácil comprenderles. Sufren mucho, intensamente, se nota en seguida, al estar cerca de ellos. Veamos algunos testimonios de cómo afecta la enfermedad a la vida del enfermo mental: 

“Me ha separado de los seres más queridos del mundo. Me hace sufrir mucho y me pone triste. Me ha cambiado la vida, pues me ha incapacitado tanto física como en mis relaciones. Me ha hecho sentirme marginado e incomprendido” (Angel).

“Me ha cambiado la vida. He pasado de tener un hogar a no tener nada propio” (Eva).

“Cruelmente. Ha roto mi vida. Esto me hace sufrir mucho y aún sigo sufriendo. Y lo peor es que no sé hasta cuando…¿Lo podré soportar?.”(José).

“Una enfermedad física es comprendida por la mayoría de la gente que te rodea. Tú puedes dar claras explicaciones de lo que te pasó, de lo que sientes, de lo que te duele. Te diagnosticas con cierta facilidad. Pero cuando la enfermedad es psíquica, cuando se inicia, es el peor momento. No sabes exactamente qué te pasa, sólo que te sientes fatal. Sientes que los que te rodean no te comprenden, alteras poco a poco la vida de toda la familia y tú te encuentras en medio sintiéndote cada vez peor; con la sensación de que eres algo extraño y con algo dentro de ti que no te está dejando vivir.

He sentido una sensación de terrible soledad, de total incomprensión, de falta de protección. Pero hay algo en mí, gracias a Dios, que me permite razonar, aun estando mal, que me hace pararme, buscar ayudas, porque pienso que lo mío tiene solución, sólo necesito que alguien me ayude” (Pilar).

“Me ha limitado mucho en todos los aspectos. He perdido el entusiasmo en mi trabajo, He perdido mi trabajo. Me he aislado” (Andrés).

 

¿ QUÉ NECESITAN ?

 

Los enfermos mentales necesitan tratamiento. El tratamiento no se limita sólo a la, administración de unos medicamentos. Puesto que la enfermedad mental afecta a los pacientes en todos los aspectos de su vida y la quebranta en lo físico, en lo psíquico y en lo social, se requiere que el tratamiento actúe en las tres vertientes, simultánea o alternativamente.

 

  • En lo físico estos enfermos necesitan una adecuada medicación. Los medicamentos más comunes son los: los neurolépticos, para las psicosis; los antidepresivos, para las depresiones; los ansiolíticos, para todas las formas de ansiedad y angustia; los hipnóticos, los antiepilépticos, los reguladores del humor, los correctores de efectos secundarios y otros de menor utilización. Bueno, como se desprende, hay que saber latín y demás…
  • En lo psíquico necesitan comprensión y apoyo. Necesitan ser escuchados y participar de un ambiente acogedor, estructurante, personalizante. En muchos casos, lo que más oculto se encuentra es lo que más daño hace. Puede ayudar mucho una adecuada terapia (individual, de grupo, de familia).
  • En lo social, el tratamiento debe aportar a los enfermos una estructura de apoyo, que les permita afrontar, con ciertas garantías, las dificultades laborales, familiares y sociales. Esa estructura de apoyo puede se simple o muy compleja. Va desde la sencilla preparación para la vida del mundo exterior, que puede realizarse en cualquier unidad psiquiátrica, hasta todo un aparato rehabilitador: con programas específicos, con talleres protegidos, con programas de reinserción laboral o social, etc.

Probablemente sea en este campo donde más pueden ayudar las personas que no sean profesionales, en lo social. Es todo lo que tiene que tiene que ver con la comunicación humana, con la compañía, con la amistad, con la recuperación de los lazos sociales. Los enfermos mentales necesitan afecto: “A nosotros nadie nos quiere”, dicen con frecuencia. Marginados de la sociedad, necesitan que se les ayude a integrarse en ella. De aquí la necesidad de un buen voluntariado, formado y sabiendo lo que se pretende con su servicio y entrega, capaz de que esa integración sea capaz y real y no una utopía como creen muchos.

          “He convivido en mi internamiento con otras personas, todas diferentes en sus enfermedades. Pero a todas las comprendo porque sé que el síntoma común es que sufren mucho y que todas, en definitiva, necesitamos cosas similares: comprensión, cariño, apoyo y atención médica profesional” (Pilar).

          “Cuando me llegó la enfermedad, prácticamente yo estaba empezando a vivir la vida, o sea, a conocer las discotecas, ir  de fiestas, tomar copas, salir con chicas… Yo contaba  con apenas 18 años; y en aquel momento me afectó bastante, ya que tuve que cortar de golpe con mis relaciones de amistades (compañeros de estudios, sobre todo), tuve que dejar los estudios en el último trimestre de 3º de BUP y dejar todo contacto con el mundo exterior” (Pascual).

 

LA FAMILIA DEL ENFERMO MENTAL

 

          La enfermedad mental afecta también y –mucho- a la familia. En España el 85% de los enfermos mentales vive con su familia. Los testimonios de madres  y padres con hijos enfermos mentales son sobrecogedores. No pueden más.

          “ Me ha hecho sentirme impotente ante un dolor que desgarra en los más profundo del ser humano. He visto, he comprendido que se puede pasar sin cualquier miembro de nuestro cuerpo, llevar una vida digna, más o menos normal… pero la enfermedad mental ataca en lo más preciado que tiene la persona, en aquello que le distingue y diferencia de cuantos otros seres existen en el mundo, es decir, en su parte espiritual, en su misma esencia racional, eso es tremendamente doloroso, es sangrante y desalentador…¿Por qué a mi hijo o hija? ” (Madre de un enfermo agudo).

          “ La familia está aislada, desbordada, falta de información y de medios, impotente al darse cuenta de que la enfermedad puede más que todos los esfuerzos por ayudarle. Falta de descanso, de tranquilidad, de intimidad personal, completamente absorbida por el enfermo. Comprendiendo que él no disfruta de casi nada, ni de la familia, ni de los amigos, del deporte, diversión, proyectos, ilusión… Hay que pasar demasiados trámites y contar muchas veces las mismas cosas a oídos poco receptivos. La Administración en muchas ocasiones se lava las manos de su responsabilidad social y dejan toda la carga a la familia”. (Madre de un esquizofrénico).

          La importancia de la familia está en relación con el grado de parentesco que le une al enfermo. Depende también del interés y cariño entre familia y paciente, de la problemática familiar, de  su situación económica y en buena parte, del pronóstico de la enfermedad mental.

          La enfermedad mental provoca crisis en la familia. Sus reacciones pueden ser muy diversas: preocupación excesiva o despreocupación, desinterés, abandono; desesperación, pesimismo con impaciencia e irritación; ocultar la enfermedad; miedo a la enfermedad; miedo al mismo enfermo; incomprensión; la preocupación de muchos padres: “¿Qué será de nuestro hijo cuando muramos?”

         

¿ QUÉ NECESITA LA FAMILIA ?

 

  • Ser escuchada, poder hablar abiertamente de las dificultades y problemas causados por la enfermedad, compartir las diversas fases por las que pasa el enfermo y la misma familia, para interpretar y comprender sus reacciones de malhumor, agresividad, irritación, cansancio,  de no querer hacer nada, de aislamiento y a veces de querer morir…
  • Unión y comprensión entre todos los miembros de la familia, una gran dosis de amor, ternura, espíritu de entrega y mucha prudencia, cuando fallan las fuerzas y surgen desequilibrios e intemperancias.
  • Alivio ante la acumulación de fatiga, tensión e inquietud y, ante la necesidad de trabajar y dejar solo al enfermo, que alguien cuide del mismo. Los centros ocupacionales, los talleres de aprendizaje, las escuelas especiales, los Cris, centros de día, juegos, deportes, excursiones, paseos…etc. pueden ser medios adecuados para resolver sus problemas. La importancia del voluntariado, para ayudar y ser descanso y alivio a la familia y al enfermo mismo.
  • Asesoramiento e información sobre la forma de cuidar a enfermo, así como sobre la forma de conseguir recursos sociales y legales; ayuda económica en muchos casos y siempre coordinación de todos los recursos; orientación de los problemas morales que pudieran plantearse; apoyo de la parroquia (hay todo un Plan) o de la comunidad cristiana, si lo desea.

 

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y DE GRUPO

 

¿Conoces algún amigo, pariente o vecino con trastornos mentales?

-¿Dónde está? ¿Cuáles son sus sentimientos? ¿Qué necesita? ¿Cuál es su situación personal? ¿Cuál la de su familia? 

 

 

2.- JESÚS SE ENCUENTRA CON LOS ENFERMOS MENTALES

 

Habiéndonos acercado al mundo de los enfermos mentales, nos planteamos ahora iluminar esa situación desde el Evangelio y desde la tradición viva de la Iglesia. ¿Qué hizo Jesús con los enfermos mentales y sus familias? ¿Qué ha hecho la Iglesia a lo largo de su historia? ¿Cuáles son las actitudes de Jesús ante los enfermos mentales? ¿Cuáles son las nuestras?.

 

          UNA FUERZA QUE SANA  A TODOS

 

                    En tiempos de Jesús a los enfermos mentales se les consideraba como endemoniados y posesos. En los casos más graves, a estos enfermos no se les permitía vivir con los demás. En general, eran rechazados y marginados incluso por las leyes. Vivían en los montes solos, como leprosos, o en lugares solitarios, porque se les consideraba “peligrosos” y, además, poseídos por “algún espíritu inmundo” o por el “diablo”. Ni siquiera la comunidad creyente les admitía.

          En los evangelios se habla de numerosos encuentros de Jesús con estos enfermos. Jesús, sensible a sus necesidades, les curaba:   Y todos los que eran maltratados de espíritus inmundos, quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de El una fuerza que sanaba a todos (Lc. 6,18-19). Los Evangelios nos presentan diversas curaciones de endemoniados. Los dos casos más típicos son: el de Gerasa (Mc. 5, 1-20) y el del niño epiléptico (Mc. 9, 14-30). Veamos, de una forma esquemática, el proceso de curación, que realiza Jesús:

         

UNA LUCHA FRONTAL

 

  • Se reconoce primero el carácter peligroso del espíritu maligno o la dureza cruel del mal (o enfermedad) que ha suscitado. El mal es horrible, doloroso, desbordante. Tiene al enfermo fuera de sí y fuera de la sociedad. Ni atado se le puede dominar. Habita en lugares solitarios. Su comunicación es un grito. Se hiere con las piedras: “Apenas salió de la barca vino a su encuentro de entre los sepulcros un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues él había roto las cadenas y destrozado los grillos y nadie podia dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y los montes dando gritos e hiriéndose con las piedras” (Mc. 5, 2-5).
  • El espíritu maligno reconoce a Jesús y descubre su carácter sobrehumano. Se trata de un discernimiento en la repulsa, un rechazo visceral de lo que es en el fondo Jesús de Nazaret: “Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: Qué tengo yo contigo, Jesús, hijo de Dios Altísimo. Te conjuro por Dios que no me atormentes. Es que él le había dicho: Espíritu inmundo, sal de este hombre”(Mc 5, 6-8). Más allá del mal, Jesús reconoce la oculta normalidad como realizable.
  • Jesús hace hablar al espíritu maligno, descubre su nombre, su identidad, su función: “ Y le preguntó: ¿Cuál es tu  nombre? Le contesta Mi nombre es Legión, porque somos muchos” (Mc 5,9). Se precisa el diagnóstico que desenmascare y esclarezca la situación, pues “todo lo descubierto es luz” (Ef. 5, 14). El espíritu maligno no aguanta la luz, vive de la oscuridad. La luz le pierde, le calla, le expulsa, le destruye.
  • La acción curativa de Jesús es como una guerra (Lc. 11, 21-23). Hay un palacio, una fortaleza guardada por un hombre fuerte y bien armado. Todo está en seguridad. Pero viene uno más fuerte que él y le ataca. El fuerte queda vencido. Se le quitan las armas. Todo lo que se encuentra, se toma como botín y se reparte. La segura posesión ha terminado. El hombre curado se vuelve de nuevo verdaderamente humano. Sentado a los pies de Jesús, escucha su palabra (Lc 8,35). Queda atrás el caos y la destrucción. Vuelve el orden y la calma.
  • La curación supone el triunfo de la palabra que dice: “Sal de este hombre”. La fuerza de Jesús provoca y utiliza – la fe – no proviene del engaño ni de la sugestión infundada, sino de su capacidad de acogida, de su aptitud para centrar al hombre, para comunicarle la bondad de su propio ser y para despertar las posibilidades máximas de cada persona, allí donde éstas efectivamente existen. Esa fe activa posibilidades misteriosas en cada persona, haciendo emerger la escondida normalidad como realizable.
  • El hombre curado le pedía estar con Jesús, pero no se lo concedió, sino que le dijo: ”Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti” (Mc. 5, 18-19). El que moraba fuera, como leproso, entre los sepulcros, vuelve a su familia y a su casa. El que andaba incomunicado, dando gritos por los montes, ahora anuncia lo que Jesús ha hecho con él. El que se hería con las piedras, porque no se aceptaba a sí mismo, ahora hace que todos den gloria a Dios: “El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados” (Mc 5,20).

 

Jesús se solidarizó de tal forma con los enfermos mentales, que se expuso a grandes riesgos. En tiempo de Jesús, estos enfermos estaban marcados socialmente. Jesús, sabiendo el riesgo que corría, les curó y tomó partido por ellos, condenando así su marginación social. Lo que hizo con ellos lo consideró como señal del reino de Dios que llega, como Buena Noticia de salvación liberadora. A nadie puede extrañar que los enfermos le buscaran por todas partes, pues en Él encontraban comprensión, cariño y salud.

A Jesús le acusaron de estar endemoniado: por arte de Belcebú expulsa a los demonios (Mt 9,34). Herodes le trató de loco humillándole y haciéndole objeto de burla y diversión (Lc 23,11). Incluso su familia llegó a decir que no estaba en sus cabales (Mc 3,21).

Jesús se encontró con estos enfermos, especialmente desasistidos y marginados entonces, igual que ahora. Frente a la marginación y rechazo que padecen, Jesús se identifica con ellos: “estuve enfermo y me visitasteis” (Mt 25,36). Una y otra vez más, se puede cumplir entre nosotros lo que dice la conocida canción, lema del Día del enfermo: Con vosotros está y no le conocéis.

LA MISIÓN DE CURAR

 

Ya durante su vida pública, Jesús envía a sus discípulos con la misión de anunciar el reino de Dios y les concede autoridad sobre los espíritus inmundos (Mc 6,7). Y tras la Pascua, cuando envía a sus discípulos por el mundo entero para que proclamen la Buena Noticia  a toda la humanidad (Mc 16,15-18) insiste en que los que crean estarán en condiciones de echar demonios en su nombre.

Parece, pues, claro que en la concepción de Jesús la tarea evangelizadora de sus discípulos está estrechamente vinculada con la expulsión de los demonios y la curación de los enfermos, incluidos, como es obio, los enfermos mentales.

Entre los escritos del Nuevo Testamento no sólo consta el mandato ya indicado de Jesús, sino que costa igualmente que los discípulos cumplieron el encargo, expulsando demonios, sanando enfermos. En la Iglesia naciente se vincula el anuncio del Evangelio a la realización de “prodigios y señales” (Hch 2,43) realizados en medio del pueblo.

La novedad del cristianismo ha sido la de introducir a favor de los enfermos un servicio de amor fraterno. La Iglesia, como Jesús, siempre ha tenido una preocupación preferente por la asistencia y cuidado de los enfermos y, entre estos, los enfermos mentales. La Iglesia continúa la obra evangelizadora de Jesús, haciéndose presente en el mundo de los enfermos mentales y acogiéndoles en su seno. En algún tiempo, este servicio llegó a ser exclusivo de la Iglesia. Hagamos un poco de historia.

En España, concretamente en Valencia, tuvo lugar el primer hospital psiquiátrico del mundo. El Padre Juan Gilabert Jofré se dirigía a la catedral para predicar el primer sermón de Cuaresma. Durante el trayecto, un grupo de mozalbetes maltrataba cruelmente a un loco. Se les enfrentó y les dijo: “¡No! ¡No son embrujados ni endemoniados los locos, sino enfermos dignos de la mayor lástima!”. Su sermón en la catedral hizo sentir a los oyentes la necesidad de un hospital o casa donde los pobres inocentes fueran acogidos. Surge así la fundación del hospital de Santa María dels Ignoscens, primer hospital psiquiátrico del mundo, cuna de la devoción a la Patrona de Valencia, la Virgen de los desamparados. Antes de la fundación de este hospital, en Europa y en España ya existían manicomios. A estos centros enviaba la sociedad a los que enfermos mentales. Al verles sin razón se les consideraba como animales peligrosos. Los edificios se diferenciaban poco de una cárcel. Hombres  sin corazón, llamados loqueros, cuidaban de ellos tratándoles como fieras a quienes había que domar. Todo el mundo se apartaba de estos centros. Su evolución fue como sigue:

PRISIÓN-ASILO-HOSPITAL-CASA

 

  • El manicomio-prisión. Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, los enfermos “eran cazados, encerrados en departamentos como mazmorras; y allí, atados con grilletes, eran tratados como fieras que pudieran escaparse y sembrar el pánico”.
  • El manicomio-asilo. Después, como progreso humanitario, se les quitaron las amarras y grilletes; el trato fue más suave: se les recogía y cuidaba sin que se pusieran medios para su recuperación, pues se consideraba, casi siempre, imposible. Allí permanecían hasta que morían.
  • El manicomio-hospital.  El enfermo mental es sometido a tratamiento médico para su recuperación. Unos se recuperan. Otros son enfermos crónicos. Las enfermedades mentales se multiplican en el mundo de hoy. La psiquiatría avanza, aunque a ritmo lento. Hay más atención y cuidado del enfermo. El nombre de manicomio se sustituye por el de hospital o sanatorio psiquiátrico.
  • Los centros de prevención y tratamiento ambulatorio y las unidades psiquiátricas. La nueva y actual reforma psiquiátrica determina y ampara una nueva forma de hacer psiquiatría fuera de los hospitales. Es la llamada “desinstitucinalización de la psiquiatría” que contempla un sistema extrahospitalario dividido en áreas o sectores de prevención y tratamiento ambulatorio, por unidades psiquiátricas en los hospitales generales, por hospitales de día, por pisos de adaptación.

En este clima tan variado de los manicomios ha actuado la Iglesia a través de las Ordenes y Congregaciones Religiosas. En el siglo XVI, el Espíritu de Dios suscitó en la Iglesia un nuevo carisma para socorrer a los enfermos mentales, el de San Juan de Dios. El mismo, tomado por loco, fue ingresado en el Hospital Real de Granada, en el que vivió y padeció, como los demás enfermos, los tratos inhumanos propinados a los mismos. Con frecuencia les increpaba: “¿Por qué tratáis tan mal y con tanta crueldad a esos pobres enfermos, hermanos míos, que están en esta casa de Dios, en mi compañía?”. Fundó la Orden Hospitalaria. Más tarde, cuando aún no había desaparecido la idea de manicomio-prisión, apareció otro hombre extraordinario, de la misma congregación, que resucitó el espíritu de San Juan de Dios. Fue Benito Menni, quien restauró la Orden en España, Portugal y América. Fundó la Congregación de Hermanas Hospitalarias, que se dedican a cuidar a niños disminuidos físicos y enfermos mentales. Es imposible recoger todo lo que la Iglesia está haciendo a favor de los enfermos mentales. No obstante, además de las Congregaciones citadas, merecen también especial mención  las Hijas de la Caridad y las Hermanas de la Caridad de Santa Ana.

PARA LA RFLEXIÓN PERSONAL Y DE GRUPO

¿Cuáles son las actitudes de Jesús? ¿Cuáles son nuestros sentimientos y actitudes ante los enfermos mentales que conocemos?

 

3.-  ¿QUE PODEMOS HACER?

 

          Habiéndonos acercado al mundo de los enfermos mentales y habiendo iluminado su situación actual desde el Evangelio y desde la tradición viva de la Iglesia, nos planteamos qué podemos hacer los cristianos, las parroquias y comunidades cristianas, para atender y ayudar a los enfermos mentales y a sus familias. He aquí algunas sugerencias:

  • Acoger a los enfermos mentales. La comunidad cristiana intentará:

 

– Despertar en sus miembros –y en la sociedad- una mayor sensibilidad y un cambio de mentalidad hacia estos enfermos y hacia sus familias.

– Dar a conocer su situación y sus necesidades.

– Fomentar la tolerancia, el respeto y el aprecio que merecen como seres humanos y como hijos de Dios.

– Acercarse, conocerlos, encontrarse con ellos.

 

  • Acompañar a los enfermos mentales. El camino que los enfermos mentales han de recorrer es duro, largo y doloroso. La comunidad cristiana ha de acompañarles con su presencia alentadora:

– Escuchándoles, mostrándoles cercanía, confianza y amor.

– Aguantando sus rarezas con paciencia.

– Haciéndoles todo el bien que se pueda, pero sin crear dependencias, dejando que sean ellos mismos.

– Infundiéndoles siempre ánimo, fuerza y esperanza en medio de la prueba.

 

La relación de ayuda: Condiciones, cualidades, formación

 

La relación de ayuda al enfermo mental requiere algunas condiciones previas:

 

 Quien quiere ayudar ha de ser admitido y aceptado por el enfermo.

 Que el enfermo busque ayuda y no de le imponga.

 Lo más importante es establecer una relación afectuosa e inteligente.

 El enfermo ha de sentirse cómodo y relajado, con tiempo suficiente para expresarse, pero ha de ponerse un límite al mismo.

 Quien quiere ayudar ha de tener en cuenta también lo que no debe hacerse:

  • Precipitarse, decidir de antemano lo que es más importante.
  • Seguirle la corriente al enfermo, cuando está en una situación de alucinación.
  • Responder a la hostilidad del paciente con una respuesta hostil.
  • Tomar actitudes condescendientes: el enfermo tendría la sensación de aumentar su insuficiencia.
  • Emplear un tono, que haga creer al paciente que no se le toma en serio.
  • Decidir asuntos sin que lo sepa el paciente: sentirá pronto que se está maniobrando a sus espaldas, que no se cuenta con él.
  • Asimismo, quien quiera establecer una relación de ayuda con los enfermos mentales debe tener ciertas cualidades. No todos valen.

 

Ha de tener:

a)    Un temperamento equilibrado. Necesita tener serenidad emocional, un estado de equilibrio interior para el control y dominio de sus sentimientos. De este modo, evitará que el enfermo le envuelva en sus complicados problemas, delirios, imaginaciones, instintos, etc. O que el que ayuda transfiera al paciente sus propios problemas.

b)    El don de la observación cuyo alcance se ha de extender no sólo a las reacciones externas del enfermo sino también a los impulsos latentes o insinuados.

c)    Un alto grado de sensibilidad para establecer con el enfermo una relación significativa. Ha de desarrollar algunas actitudes y ha de proyectar sobre el enfermo la imagen de una personalidad madura.

d)    Disponibilidad suficiente para adaptarse a la realidad del enfermo y un talento especial para que el enfermo se sienta a gusto, elimine el miedo y adquiera confianza.

Finalmente, quien quiera ayudar al enfermo mental ha de poseer también una formación adecuada. La buena voluntad no basta. Se requiere:

  • Tener unos conocimientos específicos, que les permitan entender las reacciones y actitudes de los enfermos. Sin embargo, conviene advertir que todos podemos entrar en relación con estos enfermos cuando están en fase tranquila y les podemos hacer mucho bien simplemente escuchándoles o hablando con ellos.
  • Conocer y saber practicar algunas técnicas de relación con el enfermo:

– Cuando se escucha a un paciente, es necesario dilucidar lo que nos pide, sin dejarnos llevar únicamente por lo que está diciendo. Sus expresiones faciales, su tono de voz, los movimientos de su cuerpo pueden manifestar sus emociones y descubrir cómo se siente en ese momento.

– La comunicación con el paciente supone un diálogo que puede llevarse a cabo mediante un escuchar activo e inteligente. Aunque los enfermos piden consejo, muchos no lo quieren. Lo que en realidad quieren es hablar acerca de su problema y reflexionar sobre él.

–        Ciertos enfermos provocan situaciones de emergencia (por ejemplo, amenazan tirarse por un balcón). En tales circunstancias hay que tener mucha serenidad e intentar persuadirlos de que desistan de su propósito. Si se ve que no lo hacen por protagonismo sino que lo hacen por la enfermedad grave que padecen, hay que llevarles al psiquiatra.

 

Integrar a los enfermos mentales

 

          Los enfermos mentales no son simple sujeto pasivo de una caridad asistencial. En la medida de sus fuerzas, pueden y deben colaborar en la misión evangelizadora de la comunidad y han de facilitárseles los cauces adecuados. Podemos enumerar algunas concretas:

–        Contar con el enfermo mental capacitado valorándole, personalizándole, solicitando su colaboración, informándole y difundiendo su testimonio.

–        Invitarles a participar en determinadas fiestas y celebraciones, procurando que reciban los sacramentos con la misma dignidad que las demás personas.

–        Desarrollar su formación religiosa y catequética, en la medida de lo posible.

–        Integrarles en grupos capaces de aceptarles, así como en excursiones, deportes, juegos y escuelas-talleres.

–        Ofrecerles la posibilidad de compartir la experiencia de fe en grupo o comunidad.

–        Orar por ellos y con ello. Y todos juntos por la humanidad para que haya paz.

–        Defender su dignidad y derechos para que se les trate como a personas respetables, muchas veces indefensas.

 

LOS DERECHOS DE LOS ENFERMOS MENTALES:

 

  • Derecho a una asistencia integral: somática, psíquica, social, moral, cultura y religiosa.
  • Derecho a sus libertades dentro de los límites de su enfermedad y prescripción médica.
  • Derecho a ser tratados como personas, con todos sus derechos.
  • Derecho a que se respeten sus valores éticos y religiosos y garantía religiosa cuando lo solicite el enfermo o, en su caso, la familia.
  • Derecho a no ser manipulado.
  • Derecho a ser escuchado, integrado y a participar, si es posible, en las tareas sociales, laborales, familiares y de la comunidad creyente, si tiene una religión determinada.                                        

Foto

APOYAR A LAS FAMILIAS DE LOS ENFERMOS MENTALES

 

    Impresiona mucho descubrir la angustia y el aislamiento que padecen las familias de los enfermos mentales. Algunas se sienten culpabilizadas y muchas no se atreven a abrirse porque se sienten marcadas por una enfermedad vergonzante. Como se ha dicho ya, son muchas y muy variadas sus necesidades. A gritos están pidiendo que alguien les eche una mano. La comunidad cristiana ha de estar atenta a sus problemas y dificultades, ofreciéndoles un servicio de ayuda, apoyo, diálogo y solución. Algunas sugerencias:

–        Conocer la familia, escucharla e intentar solucionar sus problemas, que van desde lo económico a lo familiar y moral, desde lo jurídico a lo espiritual.

–        Las formas y modos pueden ser múltiples: conseguirles medios económicos, remitir al especialista; informarles y defender sus derechos; visitarles y sustituirles en el cuidado del enfermo para que puedan tener tiempo libre, etc.

–        Educar a las familias para que sepa tratar adecuadamente al enfermo.

–        Crear o,  al menos, relacionar a la familia con alguna asociación de familias de enfermos mentales.

–        Conectar con las asociaciones de voluntariado de cara a estos enfermos.

–        Rezar con ellos,  con sus familias y por ellos y sus familias.

 

Las comunidades cristianas, como la Iglesia entera, son enviadas a las familias de estos enfermos para ser signo de la presencia del Señor.

   “Es necesario un empeño pastoral todavía más generoso, inteligente y prudente, hacia aquellas familias que pasan por situaciones difíciles “ (Juan Pablo II, FC 85).

 

DE CARA A LA ACCIÓN

          ¿Qué podemos hacer para ayudar a los enfermos mentales y a sus familias?

 

  • A nivel personal
  • A nivel de grupo
  • A nivel de parroquia o de comunidad cristiana.

 

BIENAVENTURANZAS DE UN ENFERMO MENTAL

 

Bienaventurado si al verme sucio y maloliente por la calle te identificas con Cristo, compasivo y misericordioso.

 

Bienaventurado si me consideras, aunque sea loco de atar, como un enfermo, sin más.

 

Bienaventurado cuando comprendas que mis pensamientos son confusos y mi voluntad, a veces, se tambalea.

 

Bienaventurado, cuando corrigiendo al niño no dices nunca: ¡ que viene el loco!

 

Bienaventurado cuando haces lo indecible para que yo salga del mutismo y aislamiento.

 

Bienaventurado cuando aceptas que para mí, ciertos rituales son imprescindibles.

 

Bienaventurado cuando me calmes, si mi comportamiento es agresivo.

 

Bienaventurado, tú, cuando me ayudes, aunque loco, a vivir mi vida espiritual.

 

( Foto) ESTO ES:   UN MENSAJE DE AMOR

 

 

ORACIÓN DE UN ENFERMO MENTAL

 

Aquí estoy, Señor, cansado de no ser yo mismo, con miedo a ser manipulado y que la gente se ría de mí.

Aquí estoy, Señor, cansado de mi inseguridad, mi inestabilidad y mi egoísmo.

Necesito, Señor, encontrarme conmigo mismo y tener la osadía de saber distinguir y tomar conciencia -sin confusiones- de lo que no soy y de lo que soy.

Necesito, Señor, bajar hasta el fondo de mí mismo para asumir -sin angustia- mis sombras y mis espacios de luz.

Frente a la desesperación, necesito, Señor, poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.

Frente a esas fuerzas internas que me acechan, necesito ser libre y optar sin que nada me empuje.

Aquí estoy, Señor, y éstas son mis penas y mis necesidades.

En el fondo,  necesito de Ti, el único que puede entender y atender mi súplica.

Ya que estoy destruido en lo más profundo, ¡confírmame por dentro con espíritu firme!     Amén.

 

 

 

 

 

          Vuestro amigo Manolo Torregrosa, “payaso del Espíritu Santo”

            FUNDADOR Y PRESIDENTE DE ESTA ASOCIACIÓN:  LOS  “PAES”.

N.B.: INFORMACIÓN, en la dirección de la Asociación “Los Payasos del Espíritu Santo”                                                                             C/ Rambla nº 54 – 1º E, de 03550 de San Juan de Alicante, o al  Tf:    965 65 65 67    y   661 213 854                                                                                                                                                                                                                                                                                             M i correo es:    manolotorregrosa7@gmail.com  

                      ¡¡ ÁNIMO OS ESTAMOS ESPERANDO!!.

  Nuestro correo es:                        somoslospaes@gmail.com                                                          

NUESTRA MEDICACIÓN: B H – 3  

 ( BUEN HUMOR  por la mañana,  

 BUEN HUMOR a mediodía  y

 BUEN HUMOR por la noche.

FUNCIONA…

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